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jueves, 24 de enero de 2008

Este nunca fue el futuro con el que soñé!


Una mañana cualquiera rumbo a mi trabajo
me descubrí pensando en aquella niña que fui,
me di cuenta de lo mucho que he cambiado,
cambios que en ocasiones han dolido.

Cambios que me han robado la inocencia,
la capacidad de asombro,
el amor tierno y valiente,
la pizca de sana locura,
la pureza y la confianza sin reservas.

Descubrí que muchos de los sueños
en los que pensaba al despertarme
y antes de acostarme siendo infante,
han sido relegados para cederle el paso
al cálculo diario de las finanzas
y al monótono vivir del día a día.

Me di cuenta que cambié los parques
por una silla y un escritorio de oficina,
mis muñecas y juguetes por una agenda
en la que a veces ni tiempo queda para pensar.

Descubrí que los pequeños detalles
ya se han vuelto prácticamente invisibles ante mi,
descubrí que la vida pasa tan rápido
que sin darme cuenta le abrí la puerta al futuro,
y el futuro ya está aquí.

Absorbiendo cada milímetro de mi aliento,
ese futuro con el que de niña soñaba,
con el que perdí preciados momentos
de aquella infancia que no imaginé añorar hoy.

¡Este nunca fue el futuro con el que soñé!

Buscaré a esa niña que sé que está dentro de mi,
esa que ve el arcoiris tras de la lluvia,
esa que jugaba a ser una adulta complacida
esa que disfrutaba de maquillaje, tacones y medias panty.
La encontraré,
y disfrutaré de encontrarme a mi misma en ella,
y ver la vida desde sus pequeños lentecitos.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Inexorable Rutina



La rutina me consume día a día
esta cruel seguidilla de momentos diarios repetidos
me acorrala y no me deja más que seguirle la corriente
cada veinticuatro horas un inminente ciclo se cumplirá.

Mis días poco a poco van pasando sin nada nuevo que contar
será que estoy perdiendo la emoción ó
es que le hace falta una pizca de amor y locura a mis días?

Quisiera, como en la niñez,
encontrarle a mis 24 horas esas dos de diversión
que hacían que el día valiera la pena.

Quisiera, como en la adolescencia,
encontrarme con ese amor furtivo
y fundirme en ese pícaro beso
que le daba un viso fino de irreal a mi ciclo.

Quisiera, como en la edad adulta,
encontrar repentinamente la mirada
de ése mi futuro hijo entre la multitud al salir del colegio
esa mirada y ése entre brusco y tierno abrazo
que hace que el día parezca un poco menos inexorable.

Quisiera, como en la edad de las canas
esperar ansiosamente tras la puerta
la intempestiva llegada de mi nieto adorado
a casa, esa visita que hace que mi día luzca contemplable.

Quisiera, quisiera quisiera quisiera...

Quisiera tantas cosas para hacer de mi vida
un poco más soportable...

Por ahora solo me conformaré con hacer
en mis 24 horas pequeños momentos
que hagan que mi cíclica e inevitable rutina
luzca aceptable y esperanzadora para el mañana.

Sacerdotiza.